Una ventana sobre el mar
Soy afortunado. De todos los lugares de este laboratorio flotante que se llaman Odón de buen me ha tocado el mejor, un rincón con ventana desde el cual puedo admirar el mar en sus infinitos cambios, sus atardeceres y sus borrascas.
Pero yo me dedico al estudio del invisible y para observarlo he tenido que abrir otras ventanas en mi rincón, ventanas menos poéticas, pero más útiles y sobre todo más informativa. De hecho, la vista que me da una de ellas es tan grande que más que una ventana es una “terraza tecnológica a 360 grados vista mar”, esta maravilla se llama citómetro de flujo en continuo, una máquina que muestrea el mar cada 15 min directamente de un grifo que me facilita el acceso al agua marina superficial. Gracias a ello puedo ver en directo los valores de abundancia de bacteria y pequeños organismos fotosintéticos. Estos valores han subido nada más dejar Reikiavik para comenzar su descenso a medida que el barco se movía hacia Groenlandia, estabilizándose un poco arriba de 400.000 bacteria por mililitros. A día de hoy cuento que a lo largo del recorrido he recogido ya más de 1200 muestras obteniendo así una imagen muy detallada de la comunidad microbiana. Y la historia seguirá en tierra, a partir de estos datos podré establecer el tamaño de los microbios y calcular su biomasa, además podré ver como esta biomasa varia con temperatura, salinidad y radiación solar entendiendo como el ambiente afecta estos organismos invisibles pero importantísimos para la salud del ecosistema.


A lado de mi querida máquina, que siendo automática acompaña espléndidamente mi radicada pereza, tengo mi bomba de filtraciones de ADN, soberbia reina de mi pesadilla, donde cada día filtro unos 50 litros de agua repartidos en diferentes profundidades de la columna de agua. Aquí los organismos más grandes que no son detectado por mi citómetro, donde miro pocos microlitros, se vengan, acumulándose a lo largo de los miles mililitros de filtración saturando mis filtros hasta que se vuelvan amarillo-marrón y obligándome a una continua vigilancia de lo que está pasando, de hecho, os confeso que estoy escribiendo este post por pura procrastinación porqué me tocaba cambiar los filtro ahora mismo.

El ultimo espacio de mi rincón está dedicado a repartir en alícuotas las muestras de la productividad bacteriana, que luego se procesan en otro pequeño laboratorio vista mar que me han dado (lo sé, parezco el hijo de una empresa inmobiliaria, acaparando todos los mejores pisos). Estas muestras completan el cuadro de biomasa y diversidad dando información sobre cuanto son activas las bacterias en el tiempo, me da mucha curiosidad saber si, en estas aguas frías, las bacterias se retozan somnolientas en su manta o si trabajan bien, adaptadas a este clima.
. . . Y yo también me quedaría en una manta, o en el comedor con mis queridos compañeros, que hoy nos han hecho un chocolate exquisito que se merece ser saboreado en compañía, pero reina filtración llama y ya es tiempo de ponerse los guantes, echando de vez en cuando un ojo al mar, más allá de mis ventanas.





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