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La mitad de una vida

Mar Nieto
Aug 22
5 min read

Pues por aquí estoy de nuevo, en medio de los mares, bajo un movimiento constante de olas, que te mecen para dormir pero que te complican un poquillo el resto de las tareas diarias. Como muchas veces, y especialmente en esta campaña IMAGE, estos viajes son el reencuentro con compañeros de antiguas aventuras, además de la maravillosa experiencia de conocer a futuros amigos para toda la vida. Y es verdad, como me dijeron hace muchos años, los amigos que haces en el mar son para siempre. Y quizás estas reuniones, y el contar “batallitas” a las nuevas generaciones, son las que nos traen a la memoria tantas cosas que hemos vivido en los barcos, que nos hacen echar la vista atrás. Seguramente este frío y niebla que teníamos en el exterior cuando comencé a pensar que escribir en este blog también nos hacen estar más nostálgicos… (¡en mi cabeza el Ártico en verano era más soleado!). Y en mi caso ayuda el hecho de haber cumplido medio siglo hace unos meses, y de darme cuenta de que de estos 50 años la mitad han estado muy ligados al mar, y a estas campañas oceanográficas, donde examinamos parámetros, y recogemos y analizamos muestras relacionadas con una gran diversidad de disciplinas. Como les digo a los peques cuando voy a los “coles” a hacer divulgación: ¡somos detectives del mar!

Mi cometido sigue siendo muy parecido a cuando inicié mi andadura en la oceanografía, hay ciertas tareas que siguen siendo las mismas, aunque las responsabilidades cambian según la campaña. Yo estudio la materia orgánica disuelta, la miríada de moléculas disueltas en el agua de mar, que es un poco como la base de una sopa, lo que le da sustancia, aunque no se vea. Además, este material tiene un papel muy relevante en la evolución del cambio climático (por ejemplo, por su estrecha relación con el CO2 atmosférico) y en la base de la cadena trófica. Estos compuestos de carbono están presentes en todos los ecosistemas marinos, pero en concentraciones muy bajas, por lo que su estudio se complica, especialmente en unas aguas con una media de 35 gramos de sal por litro. Así, lo habitual son los análisis totales como la cantidad de carbono y nitrógeno orgánicos que se encuentran disueltos. Estas muestras tienen la ventaja de que se pueden recoger y preservar, y después analizarlas más tarde en el laboratorio.

Ya hace 24 años, en mi primera campaña oceánica, uno de mis cometidos fue recoger estas muestras en una sección entre Lisboa y Groenlandia. Este fue mi primer contacto con el Ártico (¡y con el frío!), en un barco francés donde me sentí como en casa, a pesar de no entender ni la mitad de las bromas… En IMAGE veo como a nuestros compañeros internacionales les pasa un poco lo mismo, el día a día en un barco que funciona en otro idioma es otra pequeña barrera a superar, pero a la vez es muy gratificante ver como todos estos escollos quedan atrás, a veces incluso aprendiendo un nuevo idioma. En esa ocasión mi primer contacto con el Ártico fue corto, un solo día, pero idílico: amanecer violeta, mares en calma plagados de trozos de hielo, un cielo soleado, un iceberg azul impresionante… Y a la vuelta incluso fui portada del diario decano de la prensa española, el Faro de Vigo (Foto 1). Que recuerdos, ¡era una pipiola!

Foto 1. Noticia de mi primera campaña en el Ártico hace casi 25 años.
Foto 1. Noticia de mi primera campaña en el Ártico hace casi 25 años.

Por otro lado, aunque en general no lo apreciamos a simple vista, el agua de mar tiene color, y gran parte de este color también lo aporta la materia orgánica disuelta, ya que parte de estas moléculas disueltas son coloreadas (absorben luz) y otras incluso la emiten después de absorberla (son fluorescentes). Pero estas propiedades hay que medirlas con la muestra recién recogida, por lo que hace 24 años los dos novatos del grupo, yo y el nuevo espectrofluorímetro, nos hicimos el viaje juntos. Y esa fue para mí la primera de muchas veces en medir estas propiedades a bordo de un buque oceanográfico. En IMAGE también hacemos estas medidas, pero los instrumentos ya van con el barco, y, como podéis ver en la Foto 2, detrás de las cubetas de medida, ya vamos teniendo cada día los resultados de los análisis de fluorescencia y absorbancia.

Foto 2. Cubetas y espectros de fluorescencia y absorbancia.
Foto 2. Cubetas y espectros de fluorescencia y absorbancia.

En estos 25 años he estado en más de 20 campañas oceanográficas en barcos de diferentes nacionalidades (¡incluso en un barco ruso!) y llegando a muchos sitios recónditos como Rapa Nui, Fiji, Hawaii…, la verdad es que ser científica implica mucho esfuerzo y trabajo, pero ser oceanógrafa tiene muchos alicientes si te gusta conocer mundo y culturas (para que tome nota la gente joven en busca de profesión ;)). En esta andadura internacional empezaron nuevos retos con la utilización de nuevas técnicas, y así comencé a estudiar la caracterización molecular de la materia orgánica intentando escudriñar un poco más en esta maraña de compuestos disueltos en las aguas marinas. Pero para esto hay que utilizar instrumentos más sofisticados (como la espectrometría de masas o la resonancia magnética nuclear, para bucear en fórmulas y tipos de compuestos), lo que implica que hay que concentrar las muestras previamente, abordo durante las campañas. En IMAGE estamos pasando 4 litros de agua de mar filtrada de 6 profundidades distintas en cada estación a través de unas resinas especiales que retienen gran parte de las moléculas orgánicas que están disueltas en la muestra. Lentamente, a menos de 10 mL por minuto, el agua pasa por nuestro cartucho de resina, y 8-10 horas después podemos desalinizar y secar estas resinas, y preservarlas en el congelador hasta el procesado final en el laboratorio, donde extraeremos todos estos compuestos con solo 6 mL de metanol (Foto 3).

Foto 3. Filtración y concentración en cartuchos de resina, paso previo para la caracterización molecular de la materia orgánica disuelta.
Foto 3. Filtración y concentración en cartuchos de resina, paso previo para la caracterización molecular de la materia orgánica disuelta.

No os he dicho que estamos en el Odón de Buen, nuevo buque insignia de la flota oceanográfica española. Para mi este también ha sido un reencuentro, ya que tuve la suerte de prácticamente estrenarlo en una de sus campañas inaugurales. Un barco nuevo es un desafío, ya que estrenar algo implica también ponerlo a punto, con el desafío a veces de probar y mejorar cosas.

Foto 4. El Odondoku (el murdoku del Odón de Buen en IMAGE).
Foto 4. El Odondoku (el murdoku del Odón de Buen en IMAGE).

Y como en cada campaña, mecidos por las olas (o agitados por el temporal), hacemos vida en una casa flotante, guiados por los amaneceres y las puestas de sol, y compartimos el día a día con nuestros “compis” de barco. A veces una partida al pingpong, o un futbolín, o algún jueguecito, o simplemente una buena charla o canción. Los libros también son unos buenos compañeros de marea, e incluso a veces una almohada improvisada cuando del cansancio te quedas dormido sobre ellos. En esta campaña tenemos un libro estrella, y parece que además de ser un éxito en el barco, es el libro viral del verano. No es una novela, sino el Murdoku (de Manuel Garand), donde juego a juego tienes que hacer de detective y encontrar al asesino. Como buenos detectives del mar, algunos nos hemos aficionado tanto al juego que hemos hecho una versión para IMAGE en el Odón de Buen (aquí os queda en la Foto 4, ¡cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia!). Espero que os guste, que encontréis al asesino y que sigáis leyendo el blog para más aventuras.


 
 
 

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