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  • Laura Salas

Juan y Krasi: mucho más que "los cocineros del barco"

No solamente nos deleitan cada día con deliciosos platos. No solamente tienen en cuenta cada una de nuestras necesidades: dietas vegetarianas, celiaquías, intolerancias… Son mucho más que eso.


Ellos nos reciben a cada turno con una sonrisa de oreja a oreja, haciéndonos sentir como en casa. Transforman simples alimentos, como por arte de magia, en una comida tan deliciosa que - aunque no tengas hambre - sabes que vas a repetir. Ellos son el motor oculto del Sarmiento de Gamboa, el que no se ve desde fuera pero que trabaja incansablemente para darnos la energía que necesitamos.


¿Cómo se sienten al ser una de las partes más queridas de la tripulación?


Nos sentimos muy orgullosos. Aunque nos podrían mimar más. (risas)


¿Qué os animó a trabajar como cocineros en un barco?


Krasi: Un amigo me habló de este tipo de trabajo y le di una oportunidad. Estoy muy contento de mi decisión ya que me siento muy bien trabajando aquí.


Juan: Siempre me ha gustado el mar, así que esto me pareció un trabajo que encajaba genial conmigo.


¿Qué es lo mejor y lo peor de vuestro trabajo?


Lo mejor: los compañeros y tener la oportunidad de viajar por todo el mundo y ver lugares increíbles.


Lo peor: estar tan lejos de la familia/pareja y tener que trabajar completamente cada día que estás en el barco.


Cuando estáis en casa… ¿Os cocinan, o cocináis?


Krasi: A mí me cocinan.


Juan: Yo sigo cocinando.


¿Amarráis las ollas al cocinar?


Los barcos están adaptados para el movimiento. En casos extremos en los que hay muchísimo movimiento, se hacen bocadillos.


¿Cómo es vuestra relación al trabajar y dormir en la misma habitación? ¿Pasáis más tiempo juntos que con vuestra pareja/familia?


Muy buena. Pasamos todo el tiempo juntos en el barco, pero tenemos una relación de amistad muy buena y nos entendemos. Y sí, pasamos mucho más tiempo entre nosotros que con ninguna otra persona.


¿Cómo hacéis para planificar los menús para tantísima gente?


Lo primero de todo es tener la lista de la gente que va a embarcar, con sus respectivas necesidades: celíacos, intolerantes, alérgicos… Una vez sabemos eso hacemos un promedio de lo que comería una persona y calculamos la cantidad de alimentos que necesitamos. Aun así, cada día hay que seguir haciendo inventario y calculando lo que queda teniendo en cuenta el ritmo en el que todo se consume. Es un trabajo que requiere muchísima organización y experiencia.


¿Os gustaría trabajar en otro tipo de barco: cargueros, cruceros, pesqueros…?


No, nos encanta trabajar en el Sarmiento de Gamboa. No cambiaríamos por ningún otro barco. En este barco tenemos la oportunidad de ir a destinos muy variados y conocer todo tipo de gente.


Krasi y Juan: chefs inigualables y seres humanos excepcionales.


Imágen: Laura Salas

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